my two fights
Yo siempre fui un carajito pacífico. En el colegio, en el barrio (que no salía hasta los 14 más o menos), en todos lados. Les voy a comentar acerca de los únicos dos pleitos de los que puedo hacer memoria en mi vida.
En primaria, estuve en un colegio que se llama Aurora Tavarez Belliard, todavía está ahí en la Roberto Pastoriza. Lo más cercano a un pleito que tuve ahí fue jugando "mangulina" un día, que era un juego que consistía en atrapar a un contrario y agarrarlo por el cuello y la cabeza y decir "1, 2, 3, mangulina". La vaina era que ahí se valía de todo, de todo. La primera (y única) vez que jugué me atraparon, pero antes de cantarme mangulina se encargaron de ponerme una pared en el camino con la cual me "tropecé" y quebró todos los deseos que tenía de jugar esa vaina. Más nunca jugué.
En séptimo de primaria la vieja mía (gracias mami) decide ponerme en el Loyola de San Cristóbal, pero de tarde. Ahí conocí a un pana que era tan inteligente como yo (viniendo de un colegio de la capital, cualquiera se come un colegio como era ese, pero eso es otro post) y no sé, como que el pana le quillaba, porque parece que hasta que llegué yo, él era el matatán absoluto y encontró uno que lo amenazaba con quitarle el puesto. El asunto es que el pana por x o por y, le coge con que cuando me habla me da un golpe, ligero, pero me daba. La vaina empezó a hervir cuando me daba por la cabeza. Y seguía, y seguía. Un día me jarté (si, con j) y le entré como a la conga, que no sé cómo, pues yo no sé pelear, pero como le di primero, "gané". Y creo que tiré tantas trompadas, que el pana no tuvo tiempo de devolver. Nos apartaron y salí juyendo para el curso a buscar mi compás (de esos que se le entra un lápiz de un lado y del otro tienen la puya) para clavárselo si venía a joder. El pana no vino. Duramos un año y pico sin hablarnos, hasta que un profesor, Marino Brito (que sé que es un cuco en la PUCMM, pero ese es mi papá en matemática, le agradezco mucho, pero eso es material de otro post) nos hizo "amigos" de nuevo.
En octavo, en el mismo colegio todavía, y siendo en San Cristóbal saben que estaba full de chamaquitos morenitos. Muchos se iban en guagua hasta un sitio que se llama Hatillo, en la carretera vieja (que en ese tiempo era la única). Uno de ellos parece que me tenía tirria, pero no se atrevía a buscarme pleito, pero sí puso a otro morenito a que me cogiera tirria. La vaina era que yo no tenía nada en contra de nadie, pero el pana jode que jode que peleara, hasta que un día solté la mochila (creo que se la di al pana que le entré a trompadas en año anterior) y le dije "ven, vamo arriba" (yo sabía que me iba a rifar como un reloj en manos de una trabajadora). Diablo, que viaje de golpes me dieron. A lo último me tenía en el suelo con los dos brazos agarrados con sus rodillas y dándome con las manos. Tuvieron que quitármelo de encima. Fue la vergüenza más grande que tuve en ese colegio, creo. Suerte que fue lejos del colegio, como a dos esquinas. Me fui con el rabo entre las piernas para mi casa, pero había salido del panita que tanto jodía. Por cierto, después el que me rifó a galletas me pidió excusas y me dijo que era el otro hdlgp que lo había puesto a eso, cosa que yo sabía.
Esos son los dos pleitos que tuve que me acuerdo. En primero de bachillerato hubo un pana que no tenía nada que perder (sabía que no iba para parte en el Loyola) me estaba buscando pleito para que lo botaran definitivamente, y de paso, que botaran a alguien que sí tenía futuro (yo). Con la experiencia de la rifada que me dieron, no le di mente y siempre lo ignoraba, por suerte :P
Bueno, creo que el próximo post viene de cómo pude entrar al Instituto Politécnico Loyola, y de todo lo que aprendí de ese profesor que mencioné, lo que me ayudó hasta mi última materia de matemáticas en la universidad.
10-4
En primaria, estuve en un colegio que se llama Aurora Tavarez Belliard, todavía está ahí en la Roberto Pastoriza. Lo más cercano a un pleito que tuve ahí fue jugando "mangulina" un día, que era un juego que consistía en atrapar a un contrario y agarrarlo por el cuello y la cabeza y decir "1, 2, 3, mangulina". La vaina era que ahí se valía de todo, de todo. La primera (y única) vez que jugué me atraparon, pero antes de cantarme mangulina se encargaron de ponerme una pared en el camino con la cual me "tropecé" y quebró todos los deseos que tenía de jugar esa vaina. Más nunca jugué.
En séptimo de primaria la vieja mía (gracias mami) decide ponerme en el Loyola de San Cristóbal, pero de tarde. Ahí conocí a un pana que era tan inteligente como yo (viniendo de un colegio de la capital, cualquiera se come un colegio como era ese, pero eso es otro post) y no sé, como que el pana le quillaba, porque parece que hasta que llegué yo, él era el matatán absoluto y encontró uno que lo amenazaba con quitarle el puesto. El asunto es que el pana por x o por y, le coge con que cuando me habla me da un golpe, ligero, pero me daba. La vaina empezó a hervir cuando me daba por la cabeza. Y seguía, y seguía. Un día me jarté (si, con j) y le entré como a la conga, que no sé cómo, pues yo no sé pelear, pero como le di primero, "gané". Y creo que tiré tantas trompadas, que el pana no tuvo tiempo de devolver. Nos apartaron y salí juyendo para el curso a buscar mi compás (de esos que se le entra un lápiz de un lado y del otro tienen la puya) para clavárselo si venía a joder. El pana no vino. Duramos un año y pico sin hablarnos, hasta que un profesor, Marino Brito (que sé que es un cuco en la PUCMM, pero ese es mi papá en matemática, le agradezco mucho, pero eso es material de otro post) nos hizo "amigos" de nuevo.
En octavo, en el mismo colegio todavía, y siendo en San Cristóbal saben que estaba full de chamaquitos morenitos. Muchos se iban en guagua hasta un sitio que se llama Hatillo, en la carretera vieja (que en ese tiempo era la única). Uno de ellos parece que me tenía tirria, pero no se atrevía a buscarme pleito, pero sí puso a otro morenito a que me cogiera tirria. La vaina era que yo no tenía nada en contra de nadie, pero el pana jode que jode que peleara, hasta que un día solté la mochila (creo que se la di al pana que le entré a trompadas en año anterior) y le dije "ven, vamo arriba" (yo sabía que me iba a rifar como un reloj en manos de una trabajadora). Diablo, que viaje de golpes me dieron. A lo último me tenía en el suelo con los dos brazos agarrados con sus rodillas y dándome con las manos. Tuvieron que quitármelo de encima. Fue la vergüenza más grande que tuve en ese colegio, creo. Suerte que fue lejos del colegio, como a dos esquinas. Me fui con el rabo entre las piernas para mi casa, pero había salido del panita que tanto jodía. Por cierto, después el que me rifó a galletas me pidió excusas y me dijo que era el otro hdlgp que lo había puesto a eso, cosa que yo sabía.
Esos son los dos pleitos que tuve que me acuerdo. En primero de bachillerato hubo un pana que no tenía nada que perder (sabía que no iba para parte en el Loyola) me estaba buscando pleito para que lo botaran definitivamente, y de paso, que botaran a alguien que sí tenía futuro (yo). Con la experiencia de la rifada que me dieron, no le di mente y siempre lo ignoraba, por suerte :P
Bueno, creo que el próximo post viene de cómo pude entrar al Instituto Politécnico Loyola, y de todo lo que aprendí de ese profesor que mencioné, lo que me ayudó hasta mi última materia de matemáticas en la universidad.
10-4